martes, 16 de mayo de 2017

Desimputando a Jorge Duarte.

Por Ana Ulla

Nos faltan manos para aplaudir y copas para brindar por la desimputación de Jorge Duarte, ahora "El Inimputado”. Y nos alegramos, naturalmente, porque ya somos dos las personas que hemos creído que la ‘manera de trabajar de Duarte’ no es delito. Una es servidora; la otra, feliz coincidencia, es el juez de instrucción. Del resto, ya se sabe, el hasta ahora ‘señor Duarte’ del que hablaba Martiño vuelve a ser nueve meses después ‘Jorge’. Como está mandado.

Y es que la desimputación de Duarte, que no absolución, llega en un día especial, cuando se conoce la primera de las encuestas sobre intención de voto en la capitalina Compostela. El resultado conocido es que Compostela Aberta no se da el batacazo. Y eso hay que celebrarlo en el hatajo como una victoria, pues así son las cosas. Nunca agradeceremos bastante a la encuesta de La Voz, vía Sondaxe, sus estimaciones en estimación de votos, que es la garantía de saber a ciencia cierta cuál es el resultado que, seguro, no se producirá, y eso siempre ayuda a la hora de fabricar cábalas.

Acabaron los miedos en el rebaño de Martiño por saber si se iba a hacer justicia o Duarte sería procesado, y es por este motivo por lo que nos unimos al coro de quienes ahora sacan a Duarte en procesión como a un héroe o a un santo, sí, nos unimos a aquellos que cuando fue imputado callaron como putas para no verse salpicados ocultando la imputación, silenciándola, mirando para otro lado, para su billetera concretamente. Nos unimos hoy a ellos porque el juzgado ha declarado que el trato de favor, en Santiago, no es delito, lo que nos obliga a partir de ahora a lidiar con esa forma de trabajar la impunidad. Porque o nos unimos a la red clientelar que está creando Compostela Aberta y que, gracias al caso Duarte, sabemos que no es delito, o no hay nada que hacer. Porque la realidad de que Compostela Aberta y, personalmente, el propio alcalde Martiño trata a los vecinos según sus afinidades es una realidad que no se le escapa a nadie en Santiago, sea o no delito. Él mismo, sin ir más lejos, presume de haber contratado a la empresa de su señora, y nadie ha movido un dedo en la ciudad. A partir de ahí, de esa línea roja carmín, ya sabemos que todo está permitido con tal de que Noruiega pueda salvarse él y su culo fofo.

Nos congratulamos, decimos, con la desimputación de Duarte lamentando su no absolución, y hacemos frente común con Martiño porque su venganza, ahora que la veda del favoritismo está abierta, será terreibol. Nos unimos a él y a quienes como él, sus propios compañeros concejales, han pasado un terrible calvario de nueve meses estreñidos y ahora pueden obrar lo que se les antoje. Nos unimos a ellos, claro, a los que callaron en su día que hubo una imputación por trato favor y ahora saltan como condenados a celebrar que el trato de favor, en Santiago, no es delito. Nos unimos a la algarabía de esos concejales, la práctica totalidad de sus compañeros, que le dieron en público la espalda a Duarte, a ellos y a los periódicos que cobran del Concello cuando también ocultaron la imputación. Nos unimos a ellos y a la propia web del Concello que celebra la desimputación cuando ocultó en su día la imputación.

Martiño y su rebaño al que lo único que se le pide es repetir lo que se les diga, han hecho suya la desimputación, lo que implica que también hacen suyo el reproche moral que contiene la resolución judicial sobre el ‘trabajo’ de Duarte al frente de su área y, en consecuencia dos realidades que a alguien con dignidad le estallaría en las manos (a Martiño no, él es un cobarde): la primera, que nadie en Santiago ignora que Duarte, su comportamiento y el amparo de Noriega es una muestra de sinvergonzonería y caradura nunca vista hasta ahora en esta ciudad (que, recordemos, ha visto pasar a Conde Roa y al Pp); y segunda, que no conviene olvidar que al margen del proceso judicial todos los trabajadores municipales ¡todos! del ámbito de Duarte exigieron al Alcalde que lo cesara. Asumir la desimputación es asumir estas dos crudas realidades, algo que solo una persona con dignidad (Martiño no, él es un cobarde) nunca admitiría de uno de los suyos.


El trato de favor a los amigos y familiares de Compostela Aberta no es delito. Larga vida a Martiño.

Ana Ulla: lampreasyboquerones@gmail.com


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